Con vista casi inocente este año comencé a frecuentar un conocido boliche de la movida cordobesa. Amaba
la música, la gente, el ambiente. Pero eran primeras impresiones, como siempre mis ojos lo veían todo de color de rosa. Juventud, alcohol y oportunidades de “ligue” si a eso se iba. Era magnifico, al fin estaba en un lugar donde había gente con mis gustos.
Pero bajo la superficie algo se escondía, se movía cauteloso para no ser visto. Comencé a frecuentar nuevos grupos a los que llegue a conocer cibernéticamente antes. Adictos a la moda y la música de la última, adictos a las salidas los viernes para encontrar su pequeño espacio en la inmensidad de una ciudad donde se ven caras conocidas, se cruzan saludos, fotos que mas tarde serán posteadas, tragos por aquí y por allá.
Fue uno de ellos el que me sacudió la inocencia a cachetadas. Pues no era alcohol lo único que iba y venia de mano en mano. El alcohol en estos casos era un mal menor junto al clásico porro. Muchas drogas estaban escondidas en la cerveza, otras cosas olían más que perfumes y humo de cigarrillo. Las drogas fuertes eran moneda común entre los frecuentes del lugar.
Aun así no fue ese el dato más impactante, al fin eran cosas que ya había visto en mi adolescencia. Creo que el impacto se escucho en mis adentros, pues no estaba decepcionado de un montón de desconocidos de los que nunca nada espere. El golpe estuvo cuando en mi cabeza resonó: “son mas chicos que vos…”. Sí, son mas chicos que yo, son más adictos que yo. No quedo exento de tomar o de fumar marihuana, moneda común entre los jóvenes por más que a los padres les pese. Aun así con 20 años pareciera que tomar y fumar porro fuera un juego de niños, si ya a los 18 prueban drogas mas duras.
Cada uno es dueño de hacer de su vida lo que se le cante, lo sé. Pero es preocupante ver como se queman etapas mas rápido, cómo todo se adelanta un poco, como llega gente a tener 20 años y tener la mente quemada. Pues lo importante para ellos siempre fue lo efímero, lo banal. Su vida gira en torno a sus fines de semana, su tiempo de “relax” donde se deshacen de la facultad, colegio, trabajo o lo que fuere. Pero son salidas vertiginosas, agotadoras. Vomitar para seguir tomando, bailar, fumar, tomar esto y aquello.
Corro riesgos de parecer un infeliz moralista y conservador, pero desde mi experiencia, y la de mis cercanos, es mejor conservarse, no quemarse, no adelantarse. Todo tiene su tiempo y su momento. ¿Qué sentido tiene llegar a los 20 años quemado? ¿Qué sentido tiene vivir vertiginosamente como si los primeros años de una vida fueran los últimos? ¿Qué sentido tiene acaso nunca preguntarse todo esto, nunca darse cuenta de lo que se hace a uno mismo?… al fin tendrán toda una vida para matarse para “disfrutar” pero por favor no se hagan eso antes de tiempo, no lleguen a sus veintes sin pensar. Una vida superficial es mejor no vivirla, una vida sin pensar es siempre más fácil, es una vida sin muchas dificultades, para cobardes, para quienes no quieren enfrentarse con sus verdades.
Seguiré frecuentando estos grupos, nada mas para saber de cerca qué es lo que los motiva. Pues siempre es bueno conocer gente nueva, grupos nuevos, sin olvidarse de llevar su cable a tierra, ya que es fácil perderse para encajar.